Una embarazada y sus amigas posan juntas para una foto en un baby shower
La bienvenida reúne a quienes esperan al bebé. Foto: Kampus Production / Pexels.
Ceremonia

Baby shower en Argentina: la bienvenida también reúne a los grandes

SalonesDeFiestas.ar18 de septiembre de 2026

La bienvenida, en pocas palabras

Un baby shower puede ser una bienvenida anticipada al bebé y un encuentro entre las personas que acompañarán a su familia. Los regalos son parte de la reunión; la conversación, los vínculos y las ofertas concretas de ayuda también tienen lugar.

En un baby shower que contó un invitado argentino hubo mate, familia, compañeros de trabajo y una lista de regalos. La familia había anotado lo que faltaba y, cosa menos habitual de contar, también lo que ya tenía: pañales, bolso, cuna. El invitado recordó, de paso, una sillita heredada en su propia casa. El bebé de la fiesta todavía no había nacido; a su alrededor ya circulaban objetos e historias de otras familias.

Se suele pensar el baby shower desde la mesa decorada. Es comprensible: los globos salen en la foto y el trabajo de preparar una fiesta también merece verse. A mí me interesan más esas cosas que aparecen al costado, casi sin ceremonia. Un compañero de trabajo se acerca a la familia. Alguien pregunta qué hace falta antes de comprarlo. Los adultos empiezan a reconocerse; varios quizá volverán a verse cuando nazca el bebé. Esa es una bienvenida bastante concreta.

Lo que ya estaba

En la reunión relatada por ese invitado hubo juegos sencillos y una tarde de mate. No dice cómo son todos los baby showers de Argentina, por supuesto. Sí permite mirar los regalos con menos solemnidad. Una lista puede ahorrar duplicados. La sillita que el cronista tenía en casa recuerda que guardar y prestar también son maneras de ayudar. No todo entra envuelto en papel nuevo.

Varias manos desenvuelven un paquete azul sobre una alfombra

Un regalo compartido puede abrir una conversación. Foto: Helena Lopes / Pexels.

La lista tampoco debería volverse una entrada a la fiesta. Quien va a acompañar a la familia puede llevar un paquete, preparar algo para comer o simplemente sentarse a conversar. Y si hay apertura de regalos, la persona embarazada no le debe a cada objeto una reacción para las fotos. Es una costumbre que puede ser divertida cuando ella la disfruta. Cuando no, los paquetes pueden esperar.

Tal vez por eso una merienda en casa y una reunión en un espacio para celebrar pueden tener la misma intimidad. La determina menos el tamaño de la mesa que la libertad de quedarse hablando con alguien sin que el siguiente juego interrumpa. Hay familias que disfrutan una tarde llena de actividades. Otras prefieren que el mate dure más que el programa.

Quién está invitado

La postal del baby shower suele mostrar mujeres alrededor de una futura madre. Si ella quiere esa reunión, estupendo. También puede querer a su pareja, a sus hermanos, a los amigos del trabajo o a personas que no tienen un parentesco fácil de escribir en la invitación. En la crónica citada había compañeros de trabajo y familia. No hace falta declarar que se inauguró una costumbre nueva por eso: fueron invitados porque eran parte de la vida de esas personas.

Dos mujeres conversan sentadas en un sofá durante un embarazo

Hay espacio para hablar y escuchar sin un programa de juegos. Foto: Mikhail Nilov / Pexels.

El embarazo, además, vuelve a la persona que lo cursa objeto de una curiosidad agotadora. Nombres, parto, cuerpo, crianza: en una tarde caben demasiadas preguntas. Puede contar lo que quiera y dejar lo demás para otro momento. Hasta es posible conversar de cualquier otra cosa. Una fiesta para acompañarla tendría que concederle ese gusto.

Cuando se guardan las bolsas

“Cuando nazca, contá conmigo” es una frase generosa, aunque difícil de usar. Una comida llevada a la casa o una compra hecha a pedido son ofrecimientos más claros. La familia podrá aceptarlos, cambiarlos o decir que por ahora no necesita nada. La ayuda, como la visita, funciona mejor si admite una respuesta.

Después del baby shower quedan bolsas que hay que llevar a algún lado y tal vez un plato de torta. Algunas personas se habrán hablado por primera vez. No sabemos cuánto durará esa cercanía, ni hay motivo para prometer que una tarde de fiesta resolverá los meses siguientes. En aquella lista había cosas por comprar y otras que la familia ya tenía. Alguien se había ocupado antes de que empezara la fiesta.

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